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Anteriormente a este suceso, el lugar de la cerámica era un molino de harina que tras la riada y como consecuencia de ésta, ocasionó la muerte de la familia propietaria "Cumbrera", de la que solo sobrevivió un hijo que se encontraba en otro lugar. Este construye en el antedicho molino, un tejar.
En el tejar, se hacían a base de moldes: ladrillos, pilastras, cántaros (los cuales en ese tiempo se hacían con base en forma de cono invertido, de modo que se enterraban en el suelo hasta la mitad aproximadamente, para mantener el agua a una temperatura más fresca).
La cerámica que se hacía era totalmente utilitaria y principalmente dedicada a la construcción. No se utilizaban esmaltes y casi ninguna forma de decoración.


A principios de 1800, se da un cambio o evolución, que principalmente está definido por la utilización del torno y de ciertos esmaltes o barniz de alfarero para impermeabilizar los cacharros por dentro; ampliándose la gama de piezas a fabricar. El color del esmalte era miel. Conforme avanza el tiempo se utilizan otros tipos y colores de esmaltes, que coinciden con la evolución de las formas de las piezas. La base utilizada normalmente en los esmaltes era plúmbica.
Se hacían distintos tipos de cacharros: orzas, porrones, lebrillos, candiles, etc.
Uno de los momentos cumbres de esta céramica es sobre 1950, haciéndose por ejemplo los remates de muchas casas, calles y plazas de Málaga y provincia. Se pueden citar los remates del Palacio del Obispado (de los que se conservan algunos); Pasaje de Chinitas; Plaza de La Merced, C. Del Agua, etc.
Otro importante cambio se inicia en 1945, volcándose hacia una cerámica más decorativa, en detrimento de la utilitaria anterior, que en esta época baja su demanda por los numerosos adelantos industriales.
El momento de esplendor se da sobre 1970, llegando a conocerse fuera de nuestras fronteras, por medio de concursos, exposiciones y sobre todo, por las visitas turísticas de extranjeros que con conocimiento de ésta venian a visitarla.



Con la muerte del último alfarero, Rafael Arroyo (en los años 70), cesa la actividad en los Talleres Cumbrera. Con posterioridad la Diputación Provincial de Málaga y el Exmo. Ayto de Coín convierten en escuela taller los mencionados talleres.
Desde 1989 Cerámica Las Vistillas continúa con esta tradición.